| Monestir de Miramar
Fue fundado por Ramón Llull en 1276 como monasterio y escuela de lenguas orientales. Entre sus anchos muros habitaban los monjes franciscanos que aprendían el árabe para ir a evangelizar el norte de Africa. A lo largo de la historia paso a diferentes manos, entre ellas las de diversas órdenes monásticas: cistercienses, dominicos, jerónimos, ermitaños, etc. A finales del siglo XV, en 1485, 25 años después de que Gutemberg diera a conocer su famosa imprenta, se instaló en el antiguo Monasterio la primera imprenta de Mallorca. Pasados unos siglos, en el año 1872, el Archiduque Luis
Salvador de Austria lo compró e hizo una importante obra de restauración.
El Monasterio estaba muy deteriorado y su alteza intento recuperar el
esplendor que tuvo en el pasado. Para ello fue adquiriendo los terrenos
colindantes, aportó elementos artísticos nuevos, de Italia,
de Francia y, sobre todo de Bohemia, aunque también aprovechó
muchos elementos artísticos de la isla de Mallorca. La fachada de la casa conserva el dibujo (sgrafitti) que el Archiduque encontró en las casas de Establiments, en la actualidad prácticamente desaparecido. Dentro de la casa, en la planta baja se conserva el suelo del antiguo monasterio del siglo XIII, la cocina de los monjes y una maqueta y un camarote del yate NIXE II del Archiduque, todo ello con maderas, elementos, muebles, libros, cámaras fotográficas e instrumentos de navegación originales. En otra sala se puede contemplar el cenotafio de Wratislao Vivorny,
primer secretario del Archiduque, una magnífica escultura de Antonio
Tantardini. Una pequeña biblioteca sobre Ramon Llull se conserva
en la antigua cuadra de animales (asnos, mulos o caballos) En la capilla destaca una hermosa Virgen, de mármol de
Carrara, regalo de la Emperatriz de Austria, “Sissi”, al Archiduque,
que recuerda sus visitas a Miramar en los inviernos de 1892 y 1893. Otra
Virgen, ésta regalo del Papa Pío IX al Archiduque, se conserva
en una capillita, obra de escultores mallorquines sobre piedra de Santanyí
con exuberancia y delicadeza del más florido gótico. |